El reciente ataque porril que se efectuó en contra de los jóvenes del Colegio de Ciencias y Humanidades Azcapotzalco, no es una riña o un conflicto entre jóvenes. Estudiantes de alrededor de 16 años de edad fueron atacados por los distintos grupos de choque identificados como miembros de al menos tres planteles: Vallejo, Naucalpan y Azcapotzalco. Una acción para frenar con violencia un movimiento que exige una mayor calidad educativa. ¿Es parte de un proceso de privatización?

La Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), máxima casa de estudios en México, se ha convertido actualmente en un hoyo negro, en donde la ficticia autonomía es una arma de dos filos que se mueve a conveniencia de los autoridades universitarias; acoso sexual, inseguridad, violencia a cargo de los grupos porriles, feminicidios y asesinatos son cada día más constantes.

En los pasillos de la UNAM ya no es un secreto: durante décadas, los grupos porriles han operado en conjunto con los funcionarios (rectores, directores y personal de confianza), también maniobran de la mano de partidos politicos, a quienes le deben su existencia. Ellos tienen en su historial una masacre estudiantil: el Halconazo de 1971.

La extinta figura del CCH

Es así como la fórmula se repite; Movimiento Estudiantil (más) Grupo Porril (igual a) exterminio-de-cualquier-esfuerzo- organizativo-que-exija-seguridad, o educación de calidad «como la de los viejos tiempos», con el modelo educativo de CCH que planteó Pablo González Casanova, del cual no queda ni la sombra.

A grandes rasgos, un CCH que eduque para «aprender a aprender, aprender a hacer y aprender a ser», pensado con cuatro turnos para trabajadores de las clases bajas, de lo cual solo quedan dos turnos, cada día más codiciados y con miras a otorgar lugares privilegiados para quienes tengan mejor nivel socioeconómico, según las recientes reformas implementadas a cuentagotas con el paso de los años.

Es así como los grupos porriles operan, para controlar a los estudiantes, infundir el miedo y la violencia para erradicar cualquier intento de construir colectivos u organizaciones. Es así como las autoridades universitarias mantienen un control absoluto, en donde lo ideal (para ellos) es que el estudiante no conviva, no se relacione.

La violenta UNAM

3 de septiembre de 2018, los porros atacan a los estudiantes organizados de CCH Azcapotzalco: 14 heridos por bombas molotov y armas punzocortantes, una saña casi-inexplicable.

Esto que hoy conmueve a la sociedad mexicana, ha perdurado durante décadas en la universidad y presenta un crecimiento importante. La violenta UNAM es el reflejo de nuestro país, pero también de una institución educativa con una comunidad exageradamente fragmentada.

Las cámaras y la vigilancia, predominantes en todos los pasillos, no impiden que exista narcomenudeo, asaltos, ni los crecientes asesinatos que -en su mayoría- el cuerpo jurídico, en conjunto con el Gobierno de la CDMX, cataloga como casos de suicidios.

¿Qué decir de los feminicidios? Nada novedoso en un ambiente de acoso sexual cotidiano.

Los casos impunes del porrismo son una muestra de la ceguera del rector en turno, Enrique Graue; de la complicidad del rector anterior, [Actual titular de la Secretaría de Salud en el Gobierno Federal] José Ramón Narro Robles y de la indiferencia de los cuerpos directivos, sin excepciones.

Los casos impunes del porrismo (asesinatos, destrucción de proyectos, abuso y acoso, asaltos, «taloneos» y golpizas) nos cuentan la misma historia una y otra vez, con distintos personajes, nuevas generaciones, pero siempre con una descripción narrativa similar, en donde la educación cada día es más restringida.

En suma, se trata de los síntomas que nos indican que la venta de nuestros derechos más preciados, está a la vuelta de la esquina. Ese futuro, está en manos de los estudiantes que se manifiestan en defensa de su educación, ellos decidirán el rumbo de nuestro país.

Por R. Rahal, Vía Agencia SubVersiones:

Se llamaba Miranda, los pocos estudiantes que llegaron a rectoría a gritar su nombre tal vez no esperaban una respuesta solidaria, vaya, ni si quiera una respuesta, y es que la lista de agravios crece y «los de arriba» (esos a quienes se refería el personal de Vigilancia UNAM al justificar su indiferencia, o mejor dicho complicidad con el ataque porril) simplemente miran hacia otro lado y continúan con su agenda, mientras acá seguimos llorando a nuestrxs muertxs. Fueron pocos quienes llegaron a sumarse a las voces que exigían justicia, y es que nos faltan tantxs que los reclamos se van encimando en una fosa sin fondo de dolores ahogados. De quienes llegaron, dos compañeros solidarios terminaron hospitalizados.

Tras el cobarde ataque la respuesta fue inmediata, la urgencia de accionar se esparció como pólvora entre una comunidad universitaria que desde hace mucho tiempo mostraba una cara apática y desgastada, políticamente inerte y poco empática. Y es que respiramos la derrota de ver cómo acumulamos consignas y no pasa nada. En las asambleas muchos estudiantes preguntaban ¿Por qué paramos? Como si el detenerse fuera errático; es necesaria la reflexión, paramos porque no podemos pretender normalidad, porque ante la injusticia y la barbarie debemos detenernos a reflexionar, «romper la rueda» que perpetúa el estado actual de las cosas.

Queda claro que dentro de la UNAM siempre se han reproducido fielmente los peores vicios de un sistema político e institucional corruptos donde las disputas por territorio y poder sumergen a su comunidad a todas las precariedades posibles, el desdén por parte de quienes ostentan dicho poder mantiene dichas condiciones que les son favorables, pero olvidan que históricamente los estudiantes de este país han encendido la llama cuando la oscuridad predomina, esperemos que el paro lleve a la reflexión, la reflexión a la acción y que se corra la llama que encienda la hoguera.

Fuera porros de la UNAM, empezando por sus capataces.

P.D. El grafitti también es protesta social, no repliquen la intolerancia hacia otras formas de lucha que desconocen, lo limpio y sacrosanto es mera imagen, la realidad es más macabra.