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El pasado 13 de octubre de 2018 salió de San Pedro Sula, Honduras, el primer grupo de la llamada “Caravana de migrantes” centroamericanos, conformado por más de 7,000 personas, desplazadas por el contexto de violencia y pobreza generalizadas en Centroamérica. Este grupo estaba integrado por miles de personas con necesidades de protección específicas, entre ellas niñas, niños, adolescentes, familias, mujeres embarazadas, adultos mayores, personas con discapacidades, periodistas, integrantes de la comunidad LGBTTI, víctimas de persecución, sobrevivientes de violencia sexual y de género, defensores y defensoras de derechos humanos. Posteriormente, durante octubre y noviembre, se sumaron otros grupos, complejizando las características de este gran movimiento migratorio, y con ello, los retos para atender a sus necesidades, y defender y garantizar sus derechos humanos.

Este fenómeno, también llamado “Éxodo”, demuestra que la región centroamericana se encuentra ante un nuevo paradigma migratorio. Frente a las políticas de violencia, exclusión y despojo vigentes en los países de origen, las personas salieron de la “clandestinidad” para conformar un sujeto migrante colectivo, con voz propia, que decidió caminar en grupo para reducir los costos y los peligros a los que están usualmente expuestos en la ruta migratoria. Las causas sistémicas que motivan a las personas centroamericanas a partir de sus lugares de origen existen y persisten desde hace muchos años, pero la diferencia en la dinámica migratoria actual se ha dado por la coincidencia de diferentes perfiles sociales y en el número de personas que se han ido movilizando contemporáneamente. La crisis social no es nueva en su centralidad como motor de esta migración. El sistema mortal que la nutre la hace cada vez más virulenta e insoportable, y genera, como en esta ocasión un Éxodo Centroamericano continuo y masivo.

El termino Éxodo, que significa “salida” en su origen griego, se refiere comúnmente a la huida masiva del pueblo hebraico, guiada por el profeta Moisés, desde el antiguo Egipto hacia la Tierra prometida, narrada en el segundo libro de la Biblia. Muchos medios de comunicación se han referido a esta noción para describir el actual desplazamiento en grupos masivos de los migrantes centroamericanos.

Las personas desplazadas forzadamente desde Centroamérica salen y seguirán saliendo de sus países de origen, mientras persistan un contexto social, político y económico de represión, corrupción, violencia, pobreza y despojo que les niega las oportunidades para sobrevivir y llevar una vida digna. Asimismo, seguirán buscando diversas estrategias y rutas de tránsito por territorio mexicano, en tanto las medidas de contención, falta de atención humanitaria y condicionamiento a la detención del anterior gobierno; y algunas acciones puntuales del nuevo gobierno bajo un enfoque de “migración ordenada, segura y regular” no han dado respuestas integrales a sus necesidades y garantías de respeto y protección de sus derechos humanos.

Indice.
Introducción.
Metodología.
Primera parte: el contexto.
1.1. Reflexión conceptual sobre el Éxodo Centroamericano.
1.2. El Éxodo Centroamericano a la luz del desplazamiento forzado.
1.3. Territorios de tránsito y resistencias en el sureste mexicano.
1.4. Cronología del Éxodo Centroamericano durante octubre y noviembre 2018.
Segunda parte: el monitoreo de DDHH.
2.2. Violaciones de los Derechos Humanos.
2.2.1. Denuncias por omisión.
2.2.2. Denuncias por acciones represivas.
2.1.3. Denuncias por discriminación.
Tercera parte: análisis.
3.1. Enfoque de grupos de población.
3.2. Presencia y acción de actores e instituciones
3.3. Dinámicas políticas entorno al Éxodo Centroamericano.
3.4. Retos e impactos emocionales para las y los observadores de DDHH.
Cuarta parte: actualización sobre el segundo Éxodo Centroamericano.
4.1. El Éxodo Centroamericano continua.
4.2. El discurso de derechos humanos del Gobierno mexicano no se ha reflejado en la política migratoria.
Conclusiones.

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