El último día, despertamos en un baile golpeando el piso con todo el cuerpo, gritando hasta agotar la voz, moviendo el alma para honrar a las mujeres asesinadas y desaparecidas. Para soltar, llorar y terminar ligeras.

A veces todo lo que podemos hacer es sentir. Y creo que cuando sentimos, creamos espacio para que nuestra sabiduría hable desde el núcleo y trascienda los pensamientos o palabras que nos han dejado vacías, tristes, con miedo y dolor. Sentir, conectar con lo que somos y respirar. Dejar que la emoción pase y que la voz interior te guíe de regreso al amor y a tu centro.

Por la mañana del 29 de diciembre, el encuentro terminaba, algunas chicas empacaban sus cosas, nos abrazamos e intercambiamos correos. Mientras el partido de fútbol iniciaba, se pintaba un mural y programaban las actividades que darían fin a 3 días de reflexión.

Mientras guardaba mis cosas, pensé que la verdadera conexión nunca es forzada. Vive en el espacio central entre las personas. Los encuentros entre mujeres me enseñan a liberar los miedos al rechazo y juicio, a dejar ir el control, ser más abierta. Me gusta sentirme acompañada porque sé que no tengo que cuidarme sola, somos manada. Si me permito ser apoyada, puedo vivir la vida con mucha más facilidad y dejar espacio para que ocurra la conexión.

Al salir de Altamirano, me quedé con la imagen del caracol, que enseña a crecer desde adentro y proyectarse al exterior, paso a paso dejando huellas positivas, haciendo más fácil la aventura de vivir. Y que, en esa misión, el alma es la gran maestra.

Ahora es 2020 y parece que tenemos las mismas condiciones que teníamos el año anterior. Pero compañeras no dejemos que esto sea así, tenemos que estar dispuestas a escuchar, oler, sentir y aprender. A sintetizar y sintonizar sensaciones, y concepciones. A pensar más allá de la teoría y lo conocido. Aceptar la diferencia y en esta guerra que nos quiere dividir, mejor unir. Se avecina un terreno delicado, para cada una desde su activismo, desde su realidad y posición geográfica. No nos olvidemos que la lucha se hace con la cabeza y el corazón.

Yo veo un presente vibrante abriendo camino a un futuro digno.